Vecinos de San Vicente y Sant Joan impulsan Proyecto Estrella Polar, que ayuda a tratar las secuelas que quedan de por vida
CLARA R. FORNER
Cuando una víctima de abusos sexuales durante la infancia llega a la adolescencia o a la etapa adulta, difícilmente puede conseguir que se haga justicia por falta de pruebas. Tan sólo se les puede ayudar ya a superar las secuelas que les acompañarán durante el resto de su vida. Para prestarles este apoyo acaba de nacer Proyecto Estrella Polar, la Asociación de Apoyo a Supervivientes de Abusos Sexuales en la Infancia impulsado por víctimas de San Vicente del Raspeig y Sant Joan d’Alacant. Atenderá no sólo a afectados de toda la provincia, sino de otras como Málaga ya que sólo existen otras tres entidades en Barcelona, Bilbao y Valencia.
La asociación ha nacido a raíz de que tres afectados que recibían atención en la capital del Turia llegaran a la conclusión de que debían impulsar un grupo aquí para acercar la ayuda, pues la gran mayoría de víctimas no está recibiendo apoyo. Y son muchas pues, según diversos estudios, entre el 23% y el 25% de las mujeres y el 17% de los hombres han experimentado este tipo de violencia. No todos han sido objetos de abusos físicos. En algunos casos se producen de forma psicológica, por ejemplo, mostrando pornografía a los niños.
Uno de los impulsores de Proyecto Estrella Polar explica que el sistema actual da apoyo a los menores que están siendo víctimas de abusos en la actualidad, pero no a quienes los sufrieron en el pasado. Y, sin embargo, quedan muchas secuelas, agravadas porque las víctimas sufren también el rechazo de sus familias. “Generalmente la madre lo sabe pero no quiere saber nada”, explica una de las impulsoras de la entidad.
Otro asociado explica que “lo de la Iglesia es solo la punta del iceberg pero en la mayoría de los casos, si el niño se atreve a decirlo, se le desprestigia diciendo que tiene mucha imaginación y, cuando no lo pueden negar, se protege al abusador”. Además, explica, “denunciar a alguien de fuera resulta más sencillo pero las familias no se atreven a denunciarse a sí mismas”. Y en la gran mayoría de los casos el agresor es alguien del núcleo familiar como el propio padre, el abuelo, un tío e incluso un hermano.
Las secuelas de los afectados son muchas y variadas: caída del pelo, dermatitis, migrañas, problemas estomacales o desmayos. Y, sobre todo, de tipo psicológico como sentimiento de culpabilidad, vergüenza, desconfianza, dificultades para mantener relaciones sexuales, fobias, insomnio, pesadillas, perfeccionismo o adicción al trabajo para que no quede tiempo para pensar.
Obesos para no ser deseables
A las plantas de trastornos alimentarios de los hospitales llegan algunas de estas víctimas de abusos. “A muchos chicos y chicas les entran ganas de modificar su cuerpo para no resultar deseables al abusador. Unos sufren anorexia y otros obesidad”, agregan. Normalmente son varias las secuelas que se registran a la vez y también cambian su forma de vestir “para pasar desapercibidos”.
Desde la entidad explican que no hay estudios y es difícil saber el número concreto de afectados en la provincia, “pero la cifra es altísima y no se ve por parte de los gobiernos interés en tratar este tema”. “Cuando hablé del tema descubrí que dos amigas mías también lo tenían y están en el grupo”, señala una de las afectadas.
Además, a veces el problema permanece latente “y, de repente, te casas o al tener un hijo algo explota y sufres algún tipo de bloqueo, pero no tienes con quién hablar”, relatan. Es aquí donde interviene la asociación, que trabaja con Aprendizajes Urbanos, que a su vez colabora con Diagrama y aporta dos psicólogas. Las reuniones se celebran en el Centro Cultural de Bancaja en Alicante y allí también pueden hablar con otras víctimas porque “es importante que vean que hemos pasado por lo mismo y les apoyamos”. La entidad dispone ya de página web y su número de contacto es 634 567 050.
vía Nace una asociación para apoyar a adultos que sufrieron abusos sexuales en la infancia – Informacion.es.